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LA IMPORTANCIA DE UNA BUENA HIDRATACIÓN

La bebida por excelencia necesaria para el buen mantenimiento del organismo y la que más útil para calmar la sed es indudablemente el agua. Esta es igual de importante que la comida, incluso más. Podemos sobrevivir sin comer durante semanas pero, sin embargo, sin agua no lograríamos vivir más de unos pocos días.

Es el elemento más abundante de nuestro organismo, representa entre la mitad y las cuatro quintas partes del peso corporal.

Todos los procesos corporales que permiten la vida dependen del agua, que interviene en el transporte y en la asimilación de los nutrientes, en la distribución del oxígeno mediante la sangre, en la eliminación de las sustancias de desecho mediante la orina y en la regulación de la temperatura mediante el sudor.

Para mantener el equilibrio hídrico es esencial el consumo de una cantidad de agua suficiente; necesitamos alrededor de 3 litros diarios, de los que la mitad aproximadamente la obtenemos a través de la ingesta de los diferentes alimentos y la otra mitad bebiendo de 6 a 8 vasos diarios (esta cantidad debe aumentarse siempre que se realice ejercicio físico intenso y de larga duración, sobretodo en ambientes muy cálidos y húmedos, y también en caso de fiebre, presencia de vómitos y diarrea).

A continuación aparece el porcentaje de agua en algunos alimentos:

  • 90-99%: Leche desnatada y semidesnatada, refrescos, gaseosas, tomates, espárragos, pimientos, berenjena, cebolla, coliflor, melón, sandía, lechuga, etc.
  • 80-89%: Leche entera, zumos, yogur, fresas, piña, cerezas, uvas, naranjas, judías verdes, espinacas, zanahorias, etc.
  • 70-79%: Queso fresco, pollo, pescados, patatas, maíz, plátanos, aceitunas, carnes magras, etc.
  • 60-69%: Carnes semigrasas, salmón, pechuga de pollo, etc.

¿Qué pasa si no se ingiere suficiente agua?.

  • Aparece estreñimiento ya que esta ablanda las heces y acelera el tránsito intestinal.
  • La orina se concentra más de lo normal y se ve afectado el buen funcionamiento de los riñones.
  • Un aporte insuficiente de agua provoca retención de sodio y la aparición de edemas.
  • Se puede ver ralentizada la circulación sanguínea.
  • La piel, el cabello y las uñas se vuelven más vulnerables a la acción de agresiones externas (el sol, la contaminación, los baños prolongados y el uso exagerado de esponjas y jabones).
  • Se ve afectado el rendimiento en el estudio, en el trabajo y en el ejercicio diario.
  • Con la deshidratación aparecen dolores de cabeza y migraña.

 

Los expertos en nutrición recomiendan las aguas de manantial, que proceden de las altas montañas y se han filtrado a través de las rocas graníticas. Contienen la menor cantidad posible de minerales (consideradas aguas blandas) ya que son las aguas más puras de la naturaleza.

Son, por tanto, unas aguas no tratadas, potables por naturaleza, que se embotellan tal como brotan del suelo. Están controladas por el Ministerio de Sanidad y no tienen ninguna acción terapéutica definida. Su origen debe aparecer en el etiquetado.

También se pueden consumir las aguas minerales embotelladas. Son aguas de origen natural y pureza microbiológica, que por su contenido en sales minerales, se les atribuyen propiedades terapéuticas. Sus beneficios para la salud están oficialmente reconocidos por la OMS y su distribución autorizada por el Ministerio de Sanidad y Consumo.

¿Qué otros líquidos pueden  hidratar?:

  • Los zumos de fruta. Son una fuente importante de azúcares de absorción rápida, de vitaminas y de minerales (si se preparan en casa). No se debe abusar de estos líquidos porque son calóricos, en especial los industriales que suelen contener azúcar añadida.
  • La leche sola, aporta proteínas de buena calidad y también es una rica fuente de calcio. Si se acompaña de cacao, miel, azúcar, etc., su contenido calórico y de azúcares aumenta, por lo que su consumo debe ser moderado.
  • Las sopas y los purés de verduras. Son poco calóricos y contienen vitaminas y minerales. Se recomiendan siempre las preparaciones caseras y limitar las industriales ya que son más energéticas y ricas en sodio (contraindicadas en las dietas de personas hipertensas).
  • No es recomendable el exceso de bebidas refrescantes azucaradas (refrescos de cola, limonada u otras bebidas de frutas), bebidas alcohólicas o bebidas excitantes (café, té, refrescos de cola). Hay que moderar su consumo ya que la cafeína es una sustancia que crea adicción.