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IMPORTANCIA DEL YODO DURANTE LA GESTACIÓN

El yodo es esencial para la producción de hormonas tiroideas (T3 y T4), el crecimiento y desarrollo de todos los órganos, especialmente el cerebro, y la regulación del metabolismo.

Lo encontramos en grandes cantidades en la sal yodada, pescados de mar y mariscos.

Además, está presente en los huevos, lácteos, carnes, algunas frutas (piña, uvas, pera, limón) y   verduras (espinacas, zanahorias, cebollas, nabos). Las cantidades del mineral varían en función de la calidad de la tierra de cultivo (rica si está cerca del mar o pobre si está lejos del mar o en regiones montañosas).

Las necesidades de yodo se duplican durante la gestación y el periodo de lactancia. La carencia del mineral produce efectos negativos, muchas veces irreversibles, en el desarrollo del cerebro del bebé.

Las necesidades diarias del mineral cambian en función de la etapa fisiológica, duplicándose durante la gestación y lactancia materna.

Su carencia durante el embarazo es nefasta y da lugar a efectos negativos e irreversibles en el desarrollo cerebral del bebé, siendo la principal causa de retraso mental y físico (cretinismo) y parálisis cerebral evitable en el mundo.

La falta de producción de hormonas tiroideas provoca bocio endémico, el aumento de abortos, malformaciones congénitas, trastornos de la deglución y respiratorios,  alteraciones neurológicas, sordera, hipotiroidismo, mortalidad fetal y  disminución en el intelecto del niño de hasta 10 puntos.

Una alimentación equilibrada puede cubrir las necesidades de una mujer adulta (entre 100 y 150 microgramos diarios). Durante la gestación y lactancia las necesidades aumentan hasta 250-300 microgramos al día.  En estas etapas se recomiendan suplementos de 100 microgramos al  día (siempre bajo prescripción médica para evitar la sobredosis).