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ALIMENTACIÓN Y FIBROMIALGIA

Mantener una alimentación balanceada permite el mantenimiento de un estado de salud óptimo  a cualquier edad, al tiempo que le permite realizar muchas de las actividades de su vida diaria: hacer las tareas de la casa, ir de compras, realizar deporte, trabajar, estudiar , etc.

Para ello, debe adaptarse a la edad, constitución, sexo, actividad física y situación fisiológica, ser suficiente en energía  y variada en todos los grupos de alimentos para asegurar un aporte adecuado de vitaminas y minerales.

Es un hecho demostrado que los hábitos alimentarios influyen en la aparición de algunas patologías como las cardiovasculares, obesidad,  diabetes e incluso determinados tipos de cáncer.

En caso de padecer alguna enfermedad, como es el caso de la fibromialgia, comer sano contribuirá a frenar complicaciones e incluso podrá mejorar alguno de sus síntomas, así como la calidad de vida del enfermo.

No fue hasta hace poco, en 1992, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoció como patología. Es por eso que hay pocos estudios científicos que revelen por completo sus causas y tratamiento y por lo tanto, elaborar una guía dietética es verdaderamente difícil.

El cansancio y el malestar general, el dolor y la ansiedad, que sufre de forma crónica el enfermo de fibromialgia, afecta en su totalidad a su vida cotidiana y por tanto, afecta también sus hábitos alimentarios que se suelen ver alterados ( pueden aparecer graves desequilibrios nutricionales y la aparición de obesidad por la falta de ejercicio físico y mal reparto de las calorías).

Por tanto, una alimentación equilibrada aportará los nutrientes imprescindibles para tener la energía necesaria para afrontar el día a día y evitar la aparición de complicaciones por carencias (anemias, osteoporosis, estreñimiento) o por excesos (colesterol o glucosa elevados en sangre, etc .) que agravarán los síntomas propios de la enfermedad.

Una dieta rica en vegetales, y por lo tanto, rica en potasio, zinc, silicio y selenio y pobre en grasas y proteínas de origen animal ayuda a mantener los músculos y los tendones en buen estado y pueden ayudar a disminuir la sensación de dolor.

Los enfermos de fibromialgia deben aportar una ingesta suficiente de calcio a través de la alimentación e incluso a través de suplementos ya que una baja concentración de éste en sangre es responsable de la aparición de espasmos musculares. […]

Es frecuente incluir en el tratamiento del enfermo el uso de suplementos de vitaminas antioxidantes como la vitamina A, C y E para combatir el estrés y reforzar el sistema inmunológico.